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Kaura
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Sunday, October 2, 2005

La ninfa despertó con los primeros rayos de sol pasando, tenues, entre los árboles. Se desperezó y apartó de encima de ella algunas hojas rojizas que habían caido mientras dormía.
La primavera había comenzado hace unos días, y los árboles, nuevos a sus ojos, vestían sus mejores galas.
Repentinamente le invadió un hambre terrible de curiosidad. No era de extrañar, después de todo, acababa de nacer y el mundo era nuevo y maravillosamente repleto de secretos para ella.
Cogió la fina vestimenta de vivos colores primaverales que había dejado allí su antecesora antes de morir y se la puso con suma delicadeza.
La muerte de las ninfas no es más que el comienzo de una nueva vida; durante el invierno, la vida de éstas se terminaba y su cuerpo se deshacía, dejando únicamente a su paso, una semilla que, en la próxima estación florecería dando lugar a una nueva ninfa. Así había aparecido bajo aquel árbol la nueva vida.
Comenzó el día preguntando, en su dulce lenguaje de silbidos de viento, sus nombrse a todos los seres que veía por allí cerca.
Cuánto más averiguaba, más se daba cuenta de lo mucho que le quedaba por descubrir. Eso la hacía feliz y reía contenta, pues tenía toda una vida por delante para descubrir el mundo y sus maravillas.

Repentinamente, su piel y sus cabellos verdes sintieron un cambio brusco cuando el sol se ocultó tras el horizonte, e instintivamente, tuvo que volver al lugar en el que había nacido y echar raíces durante la noche. Al día siguiente continuó investigando y descubriendo cosas maravillosas.
Lo mismo ocurrió a lo largo de varías semanas hasta que, un día, decidió salir del bosque y tratar de ver que había tras los prados verdes y las altas montañas, pues ya sabía todo lo que podía saber de aquel bosque.
Caminó durante días y aprendió a echar raíces en otras tierras. Atravesar las montañas fue un viaje difícil. La tierra era dura y necesitaba de toda su fuerza para echar raices. Pero no se rindió, pues mientras marchaba por esos parajes, los pájaros la alentaban con dulces trinos.
Al otro lado había otro bosque más.

La ninfa lo atravesó sonriendo a cada paso, pues se sentía como en su hogar. Aquel día, en un claro del bosque encontró un árbol que no había visto aún y que le llamó especialmente la atención. El árbol lloraba.

-¿Por qué lloras? - preguntó acercándose.
-Soy un sauce - respondió el árbol.
-Pero yo conozco otros sauces y no lloran… - miró a su alrededor- nadie llora.
-Yo si, soy un sauce llorón - dijo él.
-Pero si lloras estarás triste, ¿no es mejor estar feliz?
-No estoy triste porque lloro, sino que lloro porque estoy triste.
-¿No es lo mismo? – se sorpendió ella.
-No es lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estás triste?
-Porque soy diferente.
-¿Diferente?
-Y estoy solo.
-¿Solo?, ¿acaso no te hacen compañía los pájaros? ¿No vienen a cantarte por las mañanas? ¿No te cuentan sus aventuras los conejos?
-Sí, pero no hay más sauces como yo.
-¿Cómo lo sabes?
-No he visto ninguno – dijo el sauce convencido.
-¿Pero has ido a buscarlos?
El sauce enmudeció por momentos.
-No, no puedo ir, hace tiempo que eché raíces y no puedo irme de este lugar. – explicó.
-No deberías echar raíces para siempre; deshojas tu propia libertad. – razonó la ninfa. – Yo voy a ir a muchos lugares diferentes, tal vez ve sauces como tú. Si es así, les hablaré de ti, y ya no llorarás por estar solo. Vendré y te lo contaré todo.
Era una promesa; y sin despedirse, la ninfa dio media vuelta y emprendió el camino con las fuerzas renovadas.
Durante el verano no puedo avanzar mucho, pues su piel y sus cabellos se estaban resecando y el agua escaseaba.
Un día, cuando el verano ya estaba tocando su fin, encontró otro sauce que también lloraba y estuvo hablando largamente con él.
-...los robles se mantienen altivos y no lloran. – explicaba ella.
-Pero ellos no se atreven a llorar, muchos no están solos. Son orgullosos y pretenden parecer fuertes. Pero en el fondo de nuestra alma todos lloramos.
Ella asintió.
-También reímos. – añadió.

Conversó con muchos otros sauces a lo largo del camino, y les habló sobre cada uno de los otros a los que había conocido, especialmente de aquel al que le había hecho la promesa.

El otoño avanzaba y ella se sentía envejecer por momentos, su pelo iba cayendo poco a poco, pero sabía que aún no había alcanzado la auténtica vejez.
A mediados de esa estación en la que su piel se estaba volviendo cada vez de un color más oscuro, parecido al de la hoja muerta que había apartado de su lecho de vida, llegó a los linderos del último bosque.
Allí los pájaros comenzaron a alertarla.
-¡Vuelve! ¡No sigas! ¡Te adentras en terreno peligroso! – piolaban las aves.
-¿Acaso hay brujas y dragones más allá? – preguntó con los ojos desencajados.
-¡Peor! – Chillaron con sus agudas voces – ¡allí se encuentran los humanos!
-¿Humanos? – repitió ella que nunca había oído esa palabra.
-Sí, ellos te deshojarán hasta dejarte desnuda y te dejarán plantada en un bosque más pequeño que tus propias raices.
-¡Es terrible! – dijo asustada – Pero tengo que verlo con mis propios ojos. Después d etodo, ya estoy en la edad otoñal y, aunque tengo toda una vida por delante, el invierno llegará pronto y tendré que abandonar mi investigación. Así pues, iré al bosque donde moran los humanos y buscaré allí más sauces que lloren de soledad.
-Allí no solo encontrarás sauces que lloran… - dijo cabeceando una pequeña ardilla. – Allí todos lloran… Tú llorarás.
La ardilla tenía razón. La ninfa viajó a través de extensas praderas y cuando llegó a un bosque cuyos árboles eran los más grandes que había visto jamás, supo lo que era llorar.
Y derramó lágrimas de savia durante tres días y tres noches.
Lloró por todos los sauces con los que había hablado. Lloró por todas las aves enjauladas en aquel terrible bosque. Lloró por todas las raíces aprisionadas bajo aquel suelo de piedra interminable. Y lloró por los árboles de ese mismo material que no entendían el idioma del viento.
También lloró por los humanos.

Pero pasados los tres días y las tres noches, empezó a descubrir las cosas buenas de aquel lugar.
<< Los humanos cuidaban con esmero a las criaturas que estaban aprisionadas. Algunas incluso parecían felices de vivir como vivían, después de todo, habían echado raíces en aquel lugar.
Y habló con flores y plantas que no conocían otro lugar que el bosque-ciudad.
Y a pesar del aire con escasa cantidad de oxígeno, la ninfa saboreó la magia que aun habitaba allí.

El invierno estaba cerca, y aun a su pesar, la ninfa sabía que debía volver a su lugar de origen, para echar raíces antes de las primeras nieves, y morir, dejando a su paso una nueva vida.
Cuando encontró al primer sauces con el que había hablado, le contó todo lo que había visto, oído, sentido, olido y vivido a lo largo de su existencia. Le pidió que ya no se sintiera solo nunca más, pues habían muchos más sauces como él.
Pero él no podía evitarlo.
La ninfa le hizo prometer que si veía a otra de su especie le hablara de ella y de todo lo que había aprendido.
-Hasta pronto – dijo como despedida el sauce.
-No nos volveremos a ver… -susurró la ninfa.
-Seguro que sí. Es imposible que no nos volvamos a ver. Porque ahora ya no estoy solo. Tengo una amiga, y algún día nos reencontraremos. Hasta entonces seguiré llorando por nuestra soledad. Pero cuando volvamos a vernos mostraré mi mejor sonrisa.
La ninfa sonrió con lágrimas en los ojos y dio media vuelta, sin necesidad de decir nada más.
Cuando llegó a su árbol, estaba completamente deshojada y grisácea.
A mediados de invierno y con un leve resplandor d vida, una parte de si misma se desprendió de su cuerpo.
Allí estaba la futura ninfa que florecería en primavera.
“Después de todo” pensó sonriendo “tengo toda una vida por delante”.

Y murió.

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Kaura terminó de escribir a las : 10:42 a.m.

Friday, April 22, 2005

Demasiado tarde…

“Primero vinieron a por los judíos, pero no me importo porque yo no era judío, luego vinieron a por los comunistas, pero no me importo porque yo no lo era, vinieron a por los intelectuales, pero no me importo porque yo no lo era, después vinieron a por los periodistas, pero no me importo porque yo no lo era, un día vinieron a por mí, pero ya era demasiado tarde.”
Bertolt Brecht.


Así describe Bertolt Brecht, uno de los mejores autores teatrales del siglo XX, las consecuencias de la llegada de los nazis al poder. Los nazis llegaron disfrazados con piel de cordero, prometiendo una mejora del deteriorado estado alemán tras el tratado de Versalles y la primera Guerra Mundial. Una vez en lo alto comenzaron a introducir un gobierno cada vez más dictatorial. Pero, ¿cómo llegó este grupo extremista a ser elegido democráticamente por todo el pueblo alemán?
Hitler llegó al NSDAP, en 1919, cuando éste no contaba apenas en Alemania. Le mandaron de su ejército para vigilar al partido durante una de las reuniones, y sin poder ni querer abstenerse, ofreció su propio discurso, para descubrirse a sí mismo como un gran orador de masas. Días después ingresó en el partido.
Y así fue como poco a poco, Hitler fue dotando de una importancia cada vez mayor al NSDAP en el estado alemán, y la situación social y económica de éste favoreció este crecimiento de seguidores en los partidos extremistas. Pero ante todo, Hitler supo como aprovechar ello en su favor. Así, en su propaganda electoral, el partido prometía al pueblo alemán trabajo, comida y libertad para todos los “verdaderos alemanes”, refiriéndose a lo que el llamaba la raza aria, frente al resto de las etnias presentes en Alemania, sobretodo los judíos, fomentando y favoreciendo la xenofobia y los más bajos instintos de sus conciudadanos, consiguiendo que ese discurso fuera asumido también por los partidos burgueses de derechas.
Tras un intento de golpe de estado; Hitler fue a la cárcel, y durante esa época escribió su libro Mein Kampf.
Durante su periodo de crecimiento, como dice la cita de Bertolt Brecht, el NSDAP se fue infiltrando en todos los ámbitos de la sociedad, que cobardemente fue mirando hacia otro lado, favoreciendo así el crecimiento de este partido que hoy nos parece tan impresentable y permitiendo su acceso a todos los mecanismos del poder de la democracia de la república alemana, hasta conseguir formar un gobierno de coalición donde eran minoritarios, pero con su fanatismo y su determinación lograron, en 1933 destruir el sistema parlamentario y en hacerse con todas las esferas del poder.

1933 parece que fue hace mucho tiempo, el siglo pasado, pero este verano, tuve la oportunidad de viajar por Alemania y conocer a los padres de unos amigos alemanes. Habían sido soldados en el ejército de Hitler, y aún hoy, después de tanto tiempo, una tarde, uno de ellos, con 81 años se puso a llorar cuando nos contaba las peripecias de aquella época y cómo perdió a su mejor amigo del colegio, que era judío. Todas las personas que conocimos durante nuestra estancia allí, eran completamente distintas entre sí, de ideologías tanto de derechas como de izquierdas, y a la vez, iguales que nosotros, pero a pesar de ello, todos tuvieron que vivir bajo el reinado del Tercer Reich, que se les coló sin darse cuenta en sus hogares.

En nuestros días parece que la democracia está bien asentada, pero debemos vigilar e impedir que movimientos extremistas, xenófobos, violentos, etc. acaben adueñándose de la sociedad. Y para ello tenemos que evitar que partidos radicales y extremistas, surjan, crezcan, y a la que nos demos cuenta, cuando menos nos lo esperemos, como dice Brecht, “vengan a por nosotros, y ya sea demasiado tarde”, y la democracia, la libertad, la posibilidad de convivir entre personas que piensan diferente sean solamente un recuerdo.

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Kaura terminó de escribir a las : 03:45 p.m.

Monday, April 11, 2005

-¿Crees en la magia?- preguntó el niño a la señora que iba junto a él.
-No. La magia no existe. Es solo una ilusión, un truco, algo falso y engañoso. Es algo que solo está en nuestra imaginación por mucho que deseamos que exista. Una mentira tras otra como las que gobiernan el mundo. La magia no existe- dijo rotundamente la mujer.
-¿Y tú? ¿Crees en la magia?- volvió a insistir el niño a un joven que había sentado en ese mismo banco.
--Claro que sí. La magia está en todas partes. Sobra con que mires por encima de tu hombro y la verás ahí. Brillando. Muy cerca.
El niño le contempló muy serio, insinuándole que continuara.
-Nadie puede hacer aparecer nada de la nada- discrepó la señora mirando desaprobadoramente al joven.
-¿No?- preguntó el niño.
-Oh, ahora mismo yo podría hacer aparecer una sonrisa en el rostro de alguien.
El niño sonrió.
-Magia- murmuró.
-Nosotros mismos somos magia. Aparecimos en el mundo cuando antes no habíamos sido nada. Y estamos aquí, creciendo, sintiendo girar todo a nuestro alrededor, llorando, riendo, caminando a lo largo del sendero de nuestras vidas y pensando lo que significan para nosotros.
El niño le miró con ojos brillantes.
-Cuéntame más- le pidió.
-No tienes más que mirar a tu alrededor- le susurró el joven al oido.
El niño dio vueltas sobre si mismo, mirando a todas partes. De repente el mundo parecía contener más colores que nunca, más magia que nunca.
-¿Tienes amigos?- esta vez quien preguntaba era el joven.
-Sí- respondió el niño.
-¿Y por qué sois amigos?
-Porque jugamos juntos.
-¿Y por qué jugáis juntos?
-Porque somos amigos…- dijo dubitativamente el niño.
-Entonces, ¿por qué sois amigos?- repitió el joven.
El niño le miró con el ceño fruncido.
-Magia- susurró el joven sonriendo.
-Y algún día alguien desatará miles de sentimientos en tu interior con su poder mágico.
El niño le miró sorprendido.
-Cuando te enfadas, cuando eres feliz, cuando tienes ganas de correr, de saltar, de reir, cuando te quedarías horas en el mismo lugar sin saber por qué, cuando irías a cualquier parte sin importarte todo lo demás, cuando te sientes frustrado, cuando te sientes orgulloso, cuando,…
-¡¿Todo eso?!- exclamó.
-Todo eso, y mucho más.- contestó el joven- También llegará el día en que te rebeles contra las cosas que antes te parecían tan normales, contra las costumbres que te han enseñado, contra muchas cosas que antes creías que eran sencillamente como eran. Y a pesar de que en ocasiones te sientas solo, aparte o incomprendido, no podrás evitar seguir luchando contra aquelloq ue te parece injusto, porque tú…
-¡Ya basta! – gritó la mujer de antes que ya había vuelto de hablar con otra mujer.- ¿Qué le estás diciendo a mi hijo? Deja de decirle ese tipo de tonterias y de meterle pájaros en la cabeza.
El chico la miró.
-Vamos, hijo. No hagas caso de lo que te ha dicho ese. Tú lo que tienes que hacer es ser un buen niño y hacer caso a los mayores. Ale, volvamos a casa.-le regañó la mujer.
La madre lanzó una mirada fulminante al joven que había en el banco, pero cuando se giró el niño para despedirse, éste había desaparecido.
-Vamos, hijo.- insistió la madre tirándole del brazo.
El niño aceleró el paso. Podría haberse quedado horas allí parado, puesto que, a pesar de todo lo que le había dicho la madre, continuaba viendo ese torbellino de nuevos colores que azotaba el universo, como lo había hecho siempre.
-Magia.- murmuró.
______________________________
¿Creeis en la magía? n__ñ

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Kaura terminó de escribir a las : 07:58 a.m.

Friday, March 11, 2005

Me encanta viajar. Y llevo viajando a todas partes desde muy pequeña. Ya desde los dos aos comencé a viajar a múltiples sitios. Al principio viajábamos con tienda de campaña (nunca hemos sido de avión y comódidades que, segun mi opinión, no te dejan disfrutar de la auténtica experiencia del viaje), después llegó nuestra pequeña Eriba, una caravana para tres personas, muy pequeña, que ahora apenas se encuentra en España, y muy cómoda. Adoraba esa caravana. Fue entonces cuando nació mi hermana, que por descontado, no se perdió ninguno de esos viajes. Al principio poniamos su cuna pequeña en el suelo de la Eriba, pero cuando creció, tuvimos que fabricar dos literas, donde antes estaba mi cama o la mesa. Mas tarde, compramos otra Eriba, un poco mas grande, donde ya no teníaos tantos problemas de espacio. Más tarde llegó la autocaravana (hace dos años).
Durante todos esos años de viajes, fui adquiriendo recuerdos inolvidables. He estado en muchísimos lugares totalmente diferentes, creo que eso me ha hecho crecer como persona. He aprendido muchísimo, como a ver las cosas desde otro punto de vista, a apreciar y tener curiosidad por lo desconocido, y sobretodo, a apreciar los viajes. Me gusta muchísimo viajar, y cuanto mas viajo, más me doy cuenta de que me queda todo un mundo por ver.
¿Qué donde he estado? Pues... por toda España, en Portugal, en Francia, en Bélgica, Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia, Luxemburgo, Holanda, etc.
El mejor lugar al que he ido nunca... pues ^^ Noruega!! Si! Me encanta... Fiordos, glaciares, bosques, olor a ahumado, Fjaerland *-*, ...
Y bueno, ¿que por qué pongo esta entrada? Pues ni yo lo se, me apetecia mucho dedicar una entrada a esta parte tan importante para mi de mi vida, como lo son los viajes.
Hasta otra!
Kaura

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Kaura terminó de escribir a las : 09:49 p.m.

Friday, February 25, 2005

Nadie merece la muerte

Hace poco tuve un interesante debate con un amigo.
Todo comenzó en clase de prensa. Para este trimestre nos tocaba exponer un trabajo sobre la segunda guerra mundial, Hitler y el nacional-socialismo (nacismo).
Así pues, yo le estaba contando a este amigo sobre la vida de Hitler.
Para todas las cosas hay un por qué. Y Adolf Hitler no es una persona muy digna de admiración que digamos. Pero tiene su explicación para que se hubiera convertido en una persona que odiaba tanto a los no-arios.
Fue al contarle sobre su vida cuando surgió el debate. Él, dijo que Hitler merecía morir de la misma forma que mató a todas esas personas. Pero yo no estaba de acuerdo, y sigo sin estarlo. No creo que nadie merezca morir, no creo que absolutamente nadie merezca la "pena de muerte".
A pesar de que esa persona sea alguien que haya hecho atrozidades terribles y crímenes imperdonables, el matarle, o tan siquiera mencionar una "merecida muerte", creo que nos rebaja a su altura.
Vale, sí, no es lo mismo matar a millones de personas, que sentenciar a un asesino. Pero no creo que tan siquiera billones de muertes, justifiquen otra más.
Por mucho mal que se haya hecho, éste no se resuelve con otro mal, por pequeño que sea.
Pienso que más vale no hechar mas leña al fuego...

La violencia no se resuelve con violencia

¿Qué opinais vosotros?

Gracias a Andreu por proporcionarme este interesante tema de debate! ^___^

Bye!

Página recomendada: biografia de Hitler

Kaura terminó de escribir a las : 09:33 p.m.

Thursday, February 24, 2005

Plumas que caen

Quise detener el tiempo
solo un instante más
quise atrapar ese momento
y borrar mi soledad

Entonces vi que carecía de poder
que todo lo fuerte que me creía
no era más que otra falsa ilusión
donde quise encerrarme por siempre

Y aunque me arrastre mi propio torrente
aunque se disuelva todo mi ser
aunque tropiece mil veces en el mismo lugar
prometo levantarme y sostenerme en este precipicio

Porque por mucho que me rompa
por mucho que me pierda
y por mucho que desaparezca lo demás
sigo teniendo mis alas

Y volaré contracorriente
a través de mis recuerdos
y con las plumas cayendo al vacio...
prometo levantarme y sostenerme en el aire

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Kaura terminó de escribir a las : 06:02 p.m.